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updated 9:38 AM CDT, Aug 19, 2019
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Provocar la risa en el Metro, un oficio muy serio

  • Escrito por Monica Delgado Torres
  • Publicado en Reportaje

México.- Un poco afónica, producto de sus constantes actuaciones en las estaciones de la Línea 3 del Metro, Miriam toma un breve descanso en Centro Médico para retomar fuerzas, ánimo y voz para seguir con su trabajo: una rutina de chistes que apenas le da para llevar el sustento a su familia.

Antes de abordar el vagón para iniciar su rutina, debe fijarse que no haya "vagoneros" al interior, esos comerciantes ambulantes que ofrecen sus productos, para abrirse paso entre ellos. En caso de que algún compañero promocione sus artículos, debe esperar a que éste termine para iniciar su actuación.

Cifras de la recién creada federación que agrupa a estos comerciantes revelan que a diciembre de 2018, operan hasta 10 mil vagoneros al margen del Reglamento de la Ley de Movilidad que prohíbe el comercio en instalaciones del Sistema de Transporte Colectivo Metro.

“Diario estoy a la vuelta y vuelta, es muy raro que me vean sentada, estancada en un solo lugar, porque entre más pierdes el tiempo, menos generas y menos llevo a casa. Mis ganancias dependen de a qué hora comience a trabajar”, dice la payasita, mientras retoca su maquillaje y se lamenta por los retrasos en el Metro.

En una de esas vueltas puede venir un “vagón bueno”, donde la gente dadivosa le da un billete de 50, de 100 pesos, o ya entre todas las donaciones acumular “50 pesitos”. Un día bueno para Miriam significa obtener 500 pesos de las 07:00 a las 20:00 horas, o a las 16:00 horas, si es que le va bien.

“Y si no sale, me retiro del Metro a las 23:00 horas. Cuando hay muchos retrasos aprovecho para ir a comer. Voy a ‘echar taco’ a La Raza, a desestresarme, porque si no, ni generas ni ambientas a la gente y te pones de malas”, explica la artista callejera que todos los días viene desde su casa ubicada en la Central de Abasto de Ecatepec, en el Estado de México.

Con ocho años de experiencia entreteniendo a usuarias del Metro, Miriam ya identifica a la gente muy accesible. “Desde que te subes te regalan una sonrisa y te conocen porque diario estoy aquí. Pero hay otras que ya están con los oídos tapados, casi te quieren aventar el zapato en la cara y con expresión de ‘cállate porque no te quiero escuchar’; pero ni modo, es mi trabajo”, dice.

La payasita así lo entiende, considera que a la gente se le tiene que respetar. Por más enojona que se vea, ella debe tratar de hacer lo mejor posible y provocar una sonrisa, y con un poco de suerte, arrancar una carcajada.

“Muchas señoras me dicen: 'pus ponte a trabajar', y yo les contesto: 'párese usted y haga lo mismo que yo hago, a ver si es lo mismo'. La gente no trae dinero, tiene sus propios problemas, está estresada, viene cansada, viene frustrada de su trabajo… es muy difícil el trabajo de payaso”, cuenta.

Pero otros usuarios no lo perciben así, creen que el trabajo de Miriam es por diversión. Su oficio como payasita, el cual lleva desarrollando desde hace 20 años, es una labor que cansa mental y físicamente, sobre todo porque debe lidiar con todo tipo de gente.

“Me subo a un vagón y si la gente está prendida (en ánimo), hasta yo me prendo y empiezo a sacar cosas diferentes y se empiezan a reír; así la gente es accesible, pero luego te subes y siento la mala energía, la vibra de que mejor no me hubiera subido a este vagón”, explica en un tono reflexivo.

La rutina, que incluye interacción con los pasajeros, inicia con la petición explícita de atención y está conformada por chistes blancos, incluida la recomendación para no usar la crema Nivea, “porque ni-vea la cara que le queda”.

Sin embargo, desde que pusieron Wi-Fi en el Metro, la gente ya no pone más atención. Desde que instalaron “el Internet”, la mayoría está más interesada en su celular, con los audífonos en el teléfono, ajena a lo que sucede a su alrededor. Ni siquiera voltean a ver quién les habla, “simplemente están pegadas a las pantallas”.

Su actuación en el Metro dura de la estación Guerrero a la de Centro Médico. De cuatro a ocho estaciones, tiempo en el que, a decir de ella, debe por lo menos cambiar el ánimo de su audiencia. Dependiendo de qué sketchs “eche”, porque hay uno largo que dura hasta ocho estaciones y no puede ampliar más el show porque corre el riesgo de ser arrestada.

Si esto ocurre en la mañana, refiere, la multa es de 100 pesos y el arresto es de hasta mediodía. Si es que se trae esa cantidad, porque si no, son 13 horas de arresto en el Juzgado Cívico Guerrero.

No obstante, el Sistema de Transporte Colectivo Metro también es su fuente de empleo. “Me han contratado varias personas para fiestas infantiles, les doy mi teléfono y listo. Me convienen esos eventos porque, dependiendo dónde sean, la hora la cobro a mil 500 pesos”, menciona Miriam.

Una vez finalizada su jornada, regresa a casa donde la esperan sus tres hijos: una de 16, otra de 13 y un niño de nueve años, quienes aparentemente tienen escolaridad. "La grandecita ya se fue con el novio”, dice con un dejo de tristeza.

Por ello no puede dejar de trabajar, su semana laboral incluye los domingos. “Entre semana sé cuáles son los días más flojitos, más tranquilos, cuando puedo decir que no voy, y a lo mejor me tomo el día. Pueden ser lunes y martes, porque está más tranquilo, por los retrasos, y como que la gente viene del fin de semana”, relata.

Recuerda entonces que además del sustento para su hogar, debe invertir en su bocina que tiene un costo aproximado de 100 pesos, que le durará hasta que se descomponga, además de su maquillaje, en el que debe destinar un poco más porque hay que comprar delineadores, sombras y brillo.

“Yo me pinto sencillo porque aquí hace mucho calor, y si me pongo algo más ostentoso, pica con el sudor. Solamente en los eventos privados es cuando me pongo más”, concluye Miriam la payasita, mientras a primera vista confía en la llegada del “vagón bueno” para su presentación de cuatro estaciones en la Línea 3 del Metro.

INFOMX/NTX/MDT/AGO

Modificado por última vez enMiércoles, 27 Febrero 2019 11:13

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