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Artesano plasma en su alfarería historias de San Agustín Oapan, Guerrero

Por Adriana Covarrubias. Corresponsal

Tepecoacuilco de Trujano.- El joven artesano Rodrigo De la Cruz Cabrera, desde hace nueve años plasma en su alfarería decorado con engobe y mineral, las tradiciones, historias, paisajes y la forma de ver la vida de su pueblo San Agustín Oapan, perteneciente a este municipio de la zona norte del estado.

En está comunidad indígena de lengua náhuatl y con aproximadamente 2 mil 800 habitantes, que forma parte de los pueblos del Alto Balsas, ubicado a dos horas de Chilpancingo, Rodrigo De la Cruz dice que desde niño aprendió de sus padres elaborar artesanías de barro, que son diseñadas con pintura hechas a base de tierra y minerales que se da en la localidad.

La mujer tejedora en telar de cintura, Vasijas, El niño jugando canicas, El campesino y sus perros, Los Novios, El Cocodrilo, El Burro, La Tortuga, El Búho, El Cántaro, La Reina y otras figuras más, son las que elabora en alfarería para venderlas en una galería en Tlaquepaque, Jalisco, donde turistas extranjeros son los que ha conquistado con sus piezas.

Desde hace nueve años, inició este oficio de la alfarería con más responsabilidad donde a sus piezas de barro les diseña las tradiciones y costumbres, cuentos y leyendas de su comunidad, y ha concursado y ganado premios Nacional y galardones al Arte Popular otorgados por el Fondo Nacional para el Fomento de las Artesanías (Fonart) e Injuve.

Ahora, este joven indígena, para obtener más recursos por su trabajo, se ha actualizado y plasma los paisajes de su comunidad en las carcasas de los smartphones, ante un contraste de artesanía y tecnología.

Para iniciar una pieza de barro, el joven indígena náhuatl de 23 años de edad, en su pequeño taller reúne todo lo que se necesita para empezar a trabajar, como tierra negra, tierra roja, la cual limpia y cuela. Asimismo, algodón que se corta del árbol del Pochote, el cual se mezcla con el barro y la figura resiste.

Posteriormente, agrega arena que también recolecta de las barrancas y después lo combina con el barro, la amasa, se pinta, se seca y empieza hacer El niño y el juego de canicas. Rodrigo dijo que está pieza de El niño y el juego de canicas, es uno de sus favoritos, pues le recuerda cuando él, de pequeño, jugaba e invitaba a sus amigos, por lo que es una historia al pasado.

La pieza de barro también se lija con una piedra que se encuentra en el río, se le vuelve a poner tierra y se decora con tinta negra hecha a base de piedra. Señaló que es una tradición en su pueblo, que las mujeres hagan las piezas de barro y los señores pintan.

Un pieza de barro, dependiendo del tamaño, puede tardar desde una hasta tres semanas para elaborarse, donde tiene que pasar por el proceso de hornear y lo hacen de manera tradicional.

Relató que otras de las historias que le gusta pintar es la de El Pescador, el cual diseña en una figura de cocodrilo, así como las piezas de Compañeros del Alma y Sembradores de paz. Al menos ha elaborado 10 piezas de alfarería, donde ha relatado historias, mitos y tradiciones de la comunidad de San Agustín Oapan.

Dijo que en una olla, que usaban antes para almacenar agua, le pintó Niños jugando y le puso tema Sueño de barro, que es como los sueños de un niño que cuando está pequeño no sabe que va a ser de grande.

“Me gusta pintar cuentos o mitos que se escuchan en mi región, por ejemplo, me gusta pintar el cuento del pescador, que lo narre en una pieza de un cocodrilo y se trata de un padre que era pescador, pero llegó el momento que ya no lo dejaban pescar y, a cambio de eso, llevó para que lo dejaran seguir trabajando y a cambio ofreció a su hijo como ofrenda”, precisó.

La figura de Compañeros del Alma, dijo que se trata de un señor cargando leña y dos perritos detrás de él, y cada pedazo de madera que lleva el campesino en su espalda, significa los trozos de vida y la experiencia que vive el campesinos todos los días.

Otra pieza favorita de Rodrigo es Sembradores de paz, un hombre con sus bueyes, el cual es un mensaje a todas las personas donde sus comunidades se han visto afectados por la violencia.

Rodrigo dice que vive mucho en el pasado y le gusta hacerlo y con sus piezas, donde a veces no se puede evitar que se pierdan las tradiciones, y lo mejor es pintarlas en una figura de barro y es una forma de mantenerlas vivas.

En su taller, Rodrigo tiene una pieza de barro que lleva de nombre Los novios, un joven enamorado de una jovencita a la que se roba y la sube arriba de bonito caballo, así como se hacía anteriormente, porque esa costumbre ya se perdió. Personas sembrando, trabajo del campo y lo que se hace en su comunidad, es lo que le gusta pintar.

Lamentó que a los jóvenes no les interese seguir la tradición de sus padres en alfarería y prefieran emigrar a la ciudad para buscar otra actividad en que emplearse. En San Agustín Oapan hay al menos 30 artesanos que se dedican la alfarería, entre hombres y mujeres.

Otra historia que ha elaborado Rodrigo de la Cruz, es Sueños de barro, sobre una olla que antes se usaba para almacenar agua, donde pinta a niños jugando, pensando qué es lo que serán de grandes. Las piezas de alfarería decorado con engobe y mineral tienen un costo que va desde los 250 pesos hasta los 3 mil a 5 mil pesos, dependiendo la pieza.

Dijo que aquellos que adquieren sus piezas, le han preguntado de dónde le salen las ideas de pintar los paisajes, pero él les responde que son las leyendas y tradiciones de su comunidad, que se ubica a la orilla del Alto Río Balsas.

A través de la alfarería decorada se rescatan las historias de su pueblo y ha elaborado en piezas de barro a La mujer tejedora, la Reina, que es una mujer danzante y que forma parte de los rituales que hacen las señoritas de su pueblo cuando inicia el carnaval en Febrero y, además, es una ofrenda a la fertilidad.

Rodrigo de la Cruz, se siente contento que sus piezas gusten y eso lo motiva a seguir trabajando. Lamentó que los indígenas sufren discriminación al querer vender sus artesanías en las calles, cuando no tienes un lugar estable para ofrecerlas.

“Luego los inspectores te sacan y no te quieren ver ahí en los restaurantes o en las calles, y eso como artesano te lastima, porque no estás haciendo nada malo”, dice Rodrigo, quien recuerda que él empezó vendiendo en las calles sus artesanías.

Actualmente, las piezas de alfarería decorado con engobe del joven artesano Rodrigo, quien sólo tiene nivel de estudios de secundaria, son adquiridas por una galería en Tlaquepaque, Jalisco.

 

INFOMX/NTX/ACS/AEG/DIV16

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