Sábado, 30 de mayo de 2020 | Año XX | No: 7123 | CEO: Francisco J. Siller | Dirección General: Rocio Castellanos Rodríguez

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Devenir histórico de la pirotecnia.

Cohetones 532x300México.- Dentro del ámbito de la historia se suele hacer referencia a lo que se conoce como devenir histórico a los cambios que se van produciendo con el paso del tiempo en la sociedad. Es, por tanto, la sucesión de acontecimientos de manera continuada que son los que determinan la evolución del ser humano y del mundo en que vive. Por eso, en filosofía, se dice que la realidad nunca es estática, sino que se trata de algo dinámico: lo que es ahora pronto dejará de serlo y será otra cosa.
Así les comento: el Mercado de Ampudia que fuera inaugurado el 13 de septiembre de 1949 en la Ciudad de México (Av. Circunvalación #40) en el ahora Centro Histórico, como un especializado expendio de dulcería mexicana, sobre todo típicos regionales, por la avidez de sus locatarios a través de casi cuatro décadas de existencia fue transformando su ‘giro’ mezclando la dulcería con el almacenamiento y venta de artículos pirotécnicos.
Así ciento cincuenta y un locales distribuidos en 12 pasillos que formaban el mercado original, a través del tiempo se fueron constituyendo en zona pirotécnica en medio de un área densamente poblada, con reiteradas denuncias de su vecindario, pero el contubernio con las autoridades permitió que sucediera.
El caso fue que en el pasillo central del Mercado Ampudia está (aún a la fecha) instalado el altar dedicado a la Virgen de Guadalupe, a quien tradicionalmente se le ofrecen ‘mañanitas’ las noches del 11 de diciembre, y que por falta del mínimo criterio en esa fecha también le quemaron cohetones en medio de semejante polvorín, provocando uno de los más lamentables accidentes de la Ciudad de México con un saldo trágico de 62 personas fallecidas y cerca de doscientos heridos con fracturas y quemaduras de diversos grados.
Mientras tanto en esas fechas se estaban afinando convenios entre las autoridades municipales de Tultepec y algunos empresarios interesados en traer espectáculos en las festividades de marzo que, dados los hechos ocurridos en la capital del país, ahora estaban en duda pues incluso las fiestas patronales corrían el riesgo de ser suspendidas por el impacto, que había sido demoledor, se habló, incluso, de una prohibición total y definitiva de toda actividad pirotécnica a nivel nacional.
Pero la vida es azarosa. Carlos Salinas de Gortari tomó muy a mal haber perdido las elecciones en el Estado de México culpando de ello a Mario Ramón Beteta Monsalve, Gobernador del estado. Así Manuel Camacho Solís respaldado por el gobierno federal avanzaba en su afán prohibicionista de la pirotecnia, pero se topó con un respaldo férreo del gobierno estatal a sus pueblos de artesanos que habían incrementado en los veinte años anteriores su prestigio como artistas de gran calidad e importantes generadores de fuentes de empleo, a través de toda la gama de actividades: compra y consumo de materias primas, fabricación, almacenamiento, distribución y venta de productos pirotécnicos.
Ya, con esa capacidad de gestión se pudo involucrar a las legislaturas estatal y federal en un debate de debía incluir todos los factores que inciden en el quehacer pirotécnico y a voces especializadas en el tema: en lo económico, antropológico-histórico (cosmogónicos, costumbres, cultura), laboral, religioso, sociológico, espectáculos, jurídico, etcétera.
Todas fueron posibilidades para mediatizar cualquier afán de prohibición. Nacen la CAPITAL DE LA PIROTECNIA y LA FERIA INTER-NACIONAL DE LA PIROTECNIA.
Así, de sus cenizas (al menos de las del Mercado Ampudia) brota vigorosa la pirotecnia alcanzando el estatus cultural que le corresponde, se asumió que prohibirla era casi imposible pues hacerlo agraviaba tradiciones y costumbres muy arraigadas en el pueblo de México, tanto en lo cívico como en lo religioso y ya vistas también sus implicaciones económicas, etc.
Sin duda y mereciendo mayor acopio de toda la información que se ha generado en estos poco más de 31 años, lo sucedido a la pirotecnia en estos tres decenios son un modelo de lo que llamamos “devenir histórico”, por las sucesivas condiciones que ha tenido y queda ilustrado por el hecho que, solo 3 años después de la tragedia y su virtual prohibición, el propio gobierno federal encabezado por el mismo Carlos Salinas de Gortari entregó a la comunidad artesanal pirotécnica de Tultepec el ‘Premio Nacional de Ciencias y Artes 1991’ en la modalidad de ‘Artes Populares’ siendo su recipiendario el Maestro Manuel Reyes Solano.

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