Viernes, 22 de junio de 2018 | Año XVIII | No: 6415 | CEO: Francisco J. Siller | Dirección General: Rocio Castellanos Rodríguez


 

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updated 12:01 PM CDT, Jun 22, 2018
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Bocetos, tinta, piel y agujas: El Museo del tatuaje

México.- En un pasillo en el que dos personas bien podrían caminar, más de cien fotografías de diseños, personas modelando y sesiones de tatuajes reciben en la planta baja del edifcio en el que se encuentra uno de los puntos de interés más recientes de la Ciudad. En el tercer piso del inmueble ubicado en Insurgentes 221, justo enfrente del metrobus Durango,  se encuentra el primer Museo del Tatuaje en México.

Al ir subiendo es posible escuchar el zumbido de las máquinas que se encuentran trabajando, inyectando la tinta en la piel de alguien que quiere llevar consigo un recuerdo a donde quiera que vaya. Un Cristo crucificado, imágenes de la Virgen de  Guadalupe y  demás imágenes religiosas, son la señal de que se acaba de llegar al piso correcto para conocer la colección de Tony Chacal Serrano, quien el marzo pasado decidió exhibir los objetos que ha recolectado a lo largo de 25 años.

El gran salón en color blanco con un ventanal que da justo a la avenida de los Insurgentes, tiene distribuído los diferentes objetos que contarán un poco de la historia del tatuaje en México. Es conveniente comenzar el recorrido por el ala izquierda ya que ahí se encuentra una mesa en la que se puede conocer las momias tatuadas, que datan de hace más de mil años y que son los primeros testigos que se tiene de la antigüedad y uso que tenían los tatuajes.

Hacia la izquierda de esa mesa, hay una vitrina que exhibe más de 200 flyers y tarjetas de presentación de diferentes tatuadores de todas partes del mundo, fotografías de Tony Chacal en alguna sesión de tatuaje y arriba de esa vitrina 100 exhibidores presentan bocetos de tatuajes que van desde diseños tribales, dragones de la cultura china, hasta diseños prehispánicos.

La vitrina que sigue muestra utensilios antiguos que se usaban para tatuar, como espinas de maguey y baras que terminan en pico, que pertenecen a la cultura polinesia; también hay máquinas hechizas de tatuaje que están hechas con lápices, plumas, mitades de encendedor, jeringas y hasta con tenedores, lo único mecánico que tienen es una pequeña bobina que es la encargada de propiciar la energía para inyectar la tinta.

Le siguen pequeña tapas en las que se pone tinta al ir tatuando y botecitos de tinta china. A su lado se encuentran 7 diferentes máquinas de tatuar que muestran la evolución que han tenido: de ser lo que pareciera una pluma BIC que termina con una aguja y arriba tiene una bobina, las maquinas han ido cambiando de material, de plástico pasaron al metal, las agujas se pueden intercambiar para facilitar el engrose de las líneas y el coloreo de contornos, la bobina es más potente para inyectar más rápido la tinta en la piel.

La siguiente vitrina tiene diferentes libros de tatuajes que recopilan diseños de todo el mundo, souvenirs de diferentes tiendas nacionales e internacionales como llaveros y monedas. La pieza que resalta de aquí es una máquina casera que fue encontrada en una cárcel de Cánada: es una caja negra del tamaña de la mitad de una caja de zapatos que es un regulador de voltaje, a éste se conecta un pedazo de metal que parece un pedal y que al extremo opuesto de donde está el cable, va a la aguja.

En la pared de esta vitrina se encuentran pegados diferentes pases de prensa para exposiciones de tatuajes en distintas ciudades del mundo, a diferencia de la vitrina anterior que eran flyers de tiendas los que estaban pegados. La parte del techo que da al vental también ostenta tarjetas de presentación y flyers.

Muy cerca del ventanal se expone cómo sería una mesa lista para empezar a tatuar. En el sillón reclinable de piel negra un esqueleto con lentes y playera es el que pareciera estar a la espera del artista, a su lado, la mesita de metal tiene distribuidos las tapitas con los diferentes colores de pintura, los guantes de látex y el trapo para ir quitando los excesos de pintura.

Dos vitrinas más a cada lado de donde está el esqueleto, muestran centenares de revistas con diferentes diseños, así como 15 carpetas con bocetos. La última vitrina presenta aproximadamente 70 máquinas caseras de los años 80 y 90, algunas de éstas tienen etiquetas del artista al que le pertenecen, “Luz Tepito” se pueede leer claramente en una de ellas. Muchas de estas máquinas también fueron hechas con plumas y lápices en su mayoría, jeringas e incluso agujas de alrededor de 10 cm que fueron usadas para tatuar.

Finalmente en la pared del ala derecha se exhiben 23 cartones con más de 50 pensamientos de diferentes tatuadores de lo que significa ser tatuador para ellos. Dos mesas pequeñas con seis sillas están al centro del salón, forma parte de una las actividades que los niños pueden hacer al ir al museo: dibujar lo que para ellos significan los tatuajes.

Y así es como el museo despide a sus visitantes, con 15 cráneos adornados de diferentes maneras, al centro una de ellas es de arte huichol, delatado por su inconfundible shakira colorida, y debajo de éstos se encuentran seis de los dibujos que los niños han hecho.

El Museo del Tatuaje busca erradicar la concepción que se tiene de que los tatuajes son sólo para delicuentes, por ello ofrece diferentes talleres y seminarios gratuitos y que se pueden consultar en su página de Facebook. Al ir bajando las escaleras del recinto se sigue escuchando el zumbido de las máquinas y en uno de los pasillos la vociferación “al final, el verdadero artista es el que decide hacerse un tatuaje”.

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