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POEMAS DE MARÍA VÁZQUEZ VALDEZ

UNO

Porque nada importa,

ni el girasol ni el alcatraz

la pirámide o el árbol

te vas disminuyendo en el viento,

nada importa en el silencio

El hombre viejo habla desde una silla alta,

dice que tus ojos no ven:

todo es “maya” dice El Vedanta:

espejismo en movimiento

Nada importa,

ni los años ni el polvo

que amanece en los pulmones

Caída de los dedos en la bruma

buscando sueños

Nada importa porque todo es uno,

todo es uno en este barco,

todo es un sonido,

tú y yo al unísono,

todo es uno

Nada importa entre tú y yo

y un espiral antiguo se desdobla,

te trae hasta mis manos,

agua fresca y pedestal,

cuarzo luminoso en mi vientre

y flores blancas desde el humo

…………..nada importa

Fluye en ríos decapitados

la vida que se esparce y alcanza

las cumbres más límpidas

de águilas y alientos altos

desde ahí hasta el fondo del abismo

nada importa,

todo encuentra un sol nuevo,

una luna deslumbrante

o el infierno

…………..pero nada importa

Nada importa porque todo es uno,

el mismo golpe de tambor

bajo los cielos,

latido hondo que despierta

tras el sueño o la agonía

Éxtasis o angustia

son el mismo potro en celo

tras tu pecho

……………. Nada importa,

ni tú ni yo ni todos

porque todo es uno.

Ramos de la luz

I

En la piel

de tus sueños

crece la luz

Sauce y sorgo,

miel de espejos

Viento de nimbos

en horizontes

blandos

Lenta mutación

de hierba en otoño

En el inmóvil mar

tras las paredes

de los cielos,

un torbellino nace.

 

DIEZ DÍAS

En un desnudo

cuarto de madera

está lo que ya no tengo

En medio de la selva amazónica

vine a encontrar lo que soy

y a dejar lo que nunca

he tenido

Esta orilla del mundo

no conoce la electricidad,

la luz aquí es real;

llega con el sol

y se va al atardecer

Un silencio exuberante

hierve de verdes,

vuelve una médula de carne

que es bañada por el río

claro como un bocado

de nieve derretida

cantando ondinas

de espumas

En esta selva

se alzan las ceibas

absortas en el misterio,

enredando lianas

describiendo signos,

lanzando su bendecida soga

hacia los muertos

hacía mí

En este cuarto de madera

una vela humilde me ilumina

una cama pequeña me arropa

y una hamaca mece el amanecer

Nada más y tanto,

tan sólo y suficiente

qquí los apegos se desvanecen,

la fragilidad

-suculenta-

se opone al centro del cuerpo

que durante diez días

no comerá ni usará químicos,

no pronunciará palabras

Un himno

comienza a alzarse humilde

para pedir al Ser

uno de sus destellos,

y lo no ingerido

se suma a lo incorpóreo

y comienza a refulgir

La inmovilidad conjura lo real,

diluye la ilusión,

quiebra los turbios espejos

que esconden

lo que es

Silencio y ayuno llenan los vacíos,

huecos desbordados

de miseria inexistente

Gotas de luz

florecen

en un tibio aroma

de canto

y firmamento.

 

INFOMX/NTX/RML/LIT19
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