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FRAGMENTOS DE PARIS ERA UNA FIESTA

  • Escrito por Mesa de Redacción
  • Publicado en Estilo

Entre los varios libros que escribió Ernest Hemingway, es en París era una fiesta, donde el autor da cuenta del ambiente que prevalecía en la capital francesa tras la Primera Guerra Mundial, la que vivieron creadores de diferentes artes, entre ellos los de su generación, a la que se conoció como Perdida. Pero también da cuenta de los lugares y los ambientes en los que gustaba de escribir y conversar sobre literatura, de y con otros autores. A continuación algunos fragmentos de esa obra, que también es una muestra de su desarrollada y precisa escritura.

“…París era una muy vieja ciudad y nosotros éramos jóvenes, y allí nada era sencillo, ni siquiera el ser pobre, ni el dinero ganado de pronto, ni la luz de la Luna, ni el bien ni el mal, ni la respiración de una persona tendida a mi lado bajo la luz de la Luna….

“…Miss Stein (Gertrude, escritora y mecenas de arte estadunidense) era muy voluminosa, pero no alta, de arquitectura maciza como una labriega. Tenía unos ojos hermosos y unas facciones rudas, que eran de judía alemana…

“Estábamos de vuelta del Canadá y vivíamos en la rué Notre-Dame-des Champs y Miss Stein y yo éramos todavía buenos amigos, cuando ella lanzó el comentario ése de la generación perdida. Tuvo problemas con el contacto del viejo Ford T que entonces conducía, y un empleado del garaje, un joven que había servido en el último año de la guerra, no puso demasiado empeño en reparar el Ford de Miss Stein, o tal vez simplemente le hizo esperar su turno después de otros vehículos. El caso es que se decidió que el joven no era sérieux, y que el patron del garaje le había reñido severamente como consecuencia de la queja de Miss Stein. Una cosa que el patron le dijo fue: «Todos ustedes son une génération perdue.»

-- Eso es lo que son ustedes. Todos ustedes son eso --dijo Miss Stein--. Todos los jóvenes que sirvieron en la guerra. Son una generación perdida.

-- ¿De veras? --dije.

-- Lo son –insistió--. No le tienen respeto a nada. Se emborrachan hasta matarse...

“…Su talento (de Scott Fitzgerald) era tan natural como el dibujo que forma el polvillo en un ala de mariposa. Hubo un tiempo en que él no se entendía a sí mismo como no se entiende la mariposa, y no se daba cuenta cuando su talento estaba magullado o estropeado. Más tarde tomó conciencia de sus vulneradas alas y de cómo estaban hechas, y aprendió a pensar, pero no supo ya volar, porque había perdido el amor al vuelo y no sabía hacer más que recordar los tiempos en que volaba sin esfuerzo...

“Scott era ya entonces un hombre, pero parecía un muchacho, y su cara de muchacho no se sabía si iba para linda o se quedaba en graciosa. Tenía un pelo ondulado muy rubio, frente muy alta, ojos exaltados y cordiales, y una delicada boca irlandesa de larga línea de labios, que en una muchacha hubiese representado la boca de una gran belleza. Tenía una firme barbilla y perfectas orejas, y una nariz que nunca fue torcida. Desde luego que se puede tener todo eso y no ser hermoso, pero él lo era gracias al color del cutis, al pelo muy rubio y a la boca…

“Hablaba con desdén, pero sin amargura de todas sus cosas publicadas, y comprendí que su nuevo libro tenía que ser muy bueno para que pudiera reconocer sin amargura los defectos de los libros anteriores. Dijo que me daría a leer el libro nuevo, The Great Gatsby, en cuanto recuperara el único ejemplar que tenía, y que había prestado a no sé quién…

“Ya me estaba hartando de la vida literaria, si aquello era la vida literaria, y echaba de menos mi trabajo y sentía la soledad de muerte que llega al cabo de cada día de la vida que uno ha desperdiciado. Estaba muy harto de Scott y de aquella necia comedia…

“Scott sabía hablar y contar un relato. Hablando no tenía problemas de ortografía ni de puntuación, y no daba la impresión de analfabetismo que daban sus cartas tal como él las escribía. Fuimos amigos durante dos años antes de que aprendiera a escribir correctamente mi nombre; pero después de todo es un nombre largo de ortografía difícil, y posiblemente la ortografía se hacía más difícil a medida que pasaba el tiempo…

“Si era capaz de escribir un libro tan bueno como The Great Gatsby, no cabía duda de que sería capaz de escribir otro todavía mejor. Entonces yo no conocía todavía a Zelda, y por consiguiente no tenía idea de las terribles desventajas con que luchaba Scott…

“Habían estado en Montmartre la noche antes, y se habían peleado porque Scott no quería emborracharse. Me dijo que se había resuelto a trabajar de verdad y a no beber, y Zelda le trataba como a un aguafiestas o a un mala sombra…

“Zelda estaba celosa del trabajo de Scott, y cuando llegamos a conocerles bien nos dimos cuenta de que la situación se ajustaba a un esquema regularmente repetido. Scott tomaba la resolución de no embarcarse para las juergas de borrachera que iban a durar toda la noche, y de hacer cada día un poco de ejercicio y trabajar con regularidad. Se ponía a trabajar, y en cuanto se había calentado y el trabajo marchaba bien, allí estaba Zelda quejándose de lo mucho que se aburría, y arrastrándole a otra borrachera. Se peleaban y luego hacían las paces, y él sudaba su alcohol en largas caminatas conmigo, y resolvía que aquella vez sí que se ponía a trabajar de veras, y, en efecto, se ponía y el trabajo se le daba bien. Y vuelta a empezar…

“Pocas veces le vi sin que estuviera borracho, pero en aquellas pocas veces estuvo siempre simpático…

“La cosa se prolongó durante años, pero durante años también no tuve ningún amigo tan leal como Scott cuando no estaba borracho…

“Scott no escribió nada más que valiera nada, hasta que a ella la encerraron en un manicomio, y Scott supo que lo de su mujer era locura…

“Escribió dos libros muy buenos, y dejó sin terminar otro que, según los entendidos, hubiera sido el mejor. También escribió algunos buenos cuentos cortos…”

/RML/LIT19

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