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Eduardo Mosches: vivir de la lectura

  • Escrito por Mesa de Redacción
  • Publicado en Estilo

Por Juan Carlos Castellanos C.

[El poeta Eduardo Mosches ha cumplido en este 2019 tres cuartos de siglo de vida. No cesa en editar su revista literaria Blanco Móvil que le ha dado muchas satisfacciones. Platicamos con él para celebrar sus ocupaciones escriturales.]

México, 13 de octubre (Notimex).― Ha vivido en Israel, Alemania Occidental (antes de la unificación) y en México desde 1976. Amante del arte en general y de las letras en particular, en 1985 funda la revista literaria Blanco Móvil. En su calidad de poeta de largo aliento, tiene obra traducida al inglés, portugués, alemán, hebreo e italiano.

      Es Eduardo Mosches, quien habla desde el ancho boulevard de su existencia.

 

Sin publicidad oficial

Este hombre de letras vio la primera luz el 24 de enero de 1944 en Buenos Aires, capital de Argentina. En su infancia soñaba con ser piloto aviador (un Antoine de Saint-Exupéry, por lo menos), ilusión a la que pronto se sumó el amor por las letras, tema que hoy lo conduce a lamentar que el devenir y la existencia de las revistas literarias o culturales independientes en México hayan sido, y son, muy difíciles:

      ―Difícil el camino, sí, porque la política cultural mantenida por el Estado se ha expresado en la postura de menosprecio a la importancia de ese tipo de publicaciones, componentes de introducción, difusión y permanencia tanto de la cultura como de la literaria del país. Por lo mismo, la política oficial ha ido hacia acciones de aparente mayor relevancia social, de grandes festivales, de presencias de renombre y de relumbrón para el propio Estado. Así ha sido durante las décadas en que he formado parte de proyectos independientes. Eso, sin menoscabo de la importancia que puedan tener esos grandes festivales, nacionales o internacionales que se realizan en México ―señala Mosches, instalado en un sofá de su domicilio en la Ciudad de México, durante la entrevista con Notimex.

      La función de una revista cultural va más allá de su presencia en la sociedad, dice el poeta, ponderando el impacto y la penetración que alcanza a través de los lectores, que forman parte de la memoria cultural:

      ―Sin el lector no hay acto creativo realizado por los editores y escritores, entonces el papel de una revista literaria es alcanzar la consolidación y la conservación de la memoria cultural que, a la vez, forma parte del desarrollo del país ―abunda con el tono y el timbre de quien entiende de ciencias sociales.

      Tras sostener lo anterior, subraya que todas las revistas culturales han pasado por momentos difíciles buscando diversas opciones como la organización colectiva, la solicitud de subsidios al precio del papel o la distribución de sus ejemplares en toda la República, “tareas que el Estado puede realizar”, que cambiaría de esta forma “la cerrazón de las librerías” que no admiten la presencia de estas publicaciones:

      ―¿Por qué no se han consolidado estas opciones? Porque se visualiza a las revistas culturales como un componente individual pequeño, no social, lo que representa un error. Como director de la revista Blanco Móvil, que en 2020 cumplirá 35 años, aseguro que se ve bastante impedida de poder continuar su publicación en formato impreso, pues la política del Estado hace cada vez más difícil su presencia al limitar apoyos en forma de publicidad.

 

Surrealismo

Para el entrevistado, las autoridades deben tomar en serio la existencia de estas revistas “como factor de consolidación de la cultura”, pero sólo un puñado cuenta con este privilegio, “un favor que el Estado hace a un grupo de intelectuales”. Blanco Móvil “enfrenta un listado de exigencias burocráticas complicadas y difíciles de cumplir para poder acceder potencialmente a un anuncio que el gobierno podría dar”, de tal forma que la existencia de la revista “depende no de su avatar o su historial, de su contenido o edición, sino de la burocracia”:

      ―Tenemos un nuevo número, armado, revisado y listo para imprimirse, pero imposible de llevarla al papel por la falta de un apoyo real. Blanco Móvil es una expresión no comercial del arte literario cuyo número en ciernes está dedicado a los 100 años del surrealismo en el mundo, aunque, en el mejor de los sentidos, surrealista es la situación que estamos viviendo…

      Sólo queda esperar las respuestas de las Secretarías de Cultura, federal y de la Ciudad de México. En tanto, ya piensa Mosches en pasar del papel a la edición digital sin abandonar, por ningún motivo, su proyecto editorial.

 

Proceso de integración

―Las primeras vivencias al llegar a México, por razones históricamente reconocidas (como el golpe de Estado en Argentina), fueron emocionalmente agradables. Llegué con una mano detrás y otra delante y hallé una actitud de absoluta solidaridad en las primeras personas con las que tuve contacto. Satisfacer necesidades inmediatas como la búsqueda de una vivienda, donaciones de ropa y un trabajo digno se dieron en un momento de mucha movilización social también en México: eran los años setenta y ochenta ―dice el poeta que previamente había estudiado ciencias políticas y sociología en el Instituto de Estudios Latinoamericanos y en la Universidad Libre de Berlín.

      El entrevistado, poseedor de estudios de interpretación teatral en la Universidad de Tel Aviv, no niega que los procesos de reconversión cultural forman parte de su paso a la integración social y cultural en México. En este punto de la conversación, la anécdota despierta en la memoria de Eduardo Mosches:

      ―Formé parte de actividades políticas. Mi escritura se ligó, entonces, a análisis variados y, en ese trance, México me abrió las puertas a la posibilidad de la creación literaria. Aquí escribí y publiqué mi primer libro: Los lentes y Marx, en 1979, y de ahí en adelante he seguido en el proceso creativo. Paralelamente, vinieron dificultades en dos expresiones. Una, de un sector pequeño unido a la xenofobia con sus intentos de discriminación por nacimiento y no por actuación; la otra, de un sector amplio en que la distinción se basa en actitudes amistosas, el acercamiento de los procesos literarios y sociales, la relación con el mundo, y las posibilidades de protesta conjunta.

 

La poesía

Más de 40 años radicando en este país hacen de Eduardo Mosches un mexicano nacido en Argentina. Así lo siente y define, ahora con las emociones encontradas queriendo salir en tropel por su boca:

      ―Soy resultado de una fusión y consolidación social y cultural que Argentina me dio y sigue en mí, con la absorción, introducción y penetración de mi persona, de segmentos del mundo cultural y social mexicano. Esa es la realidad.

      A cambio, Mosches ha dado al mundo, vía México, obras líricas como Los tiempos mezquinos (1992), Cuando las pieles riman (1994), Como el mar que nos habita (1999), Molinos de fuego (2003), Palabras sin ruta (2005) y Susurros de la memoria (2007), además de los suplementos de Blanco Móvil: “Voces Interiores”, dedicado a la literatura de los jóvenes de los estados de la república, y "Del otro lado", dedicado a la literatura chicana.

      ―Mi poética forma parte del mundo en el que estoy viviendo y en ella se entrelazan percepciones históricas ligadas tanto a Argentina como a México, a los creadores de ambos países y a la lectura de poetas más allá de la nacionalidad, sin dejar de pensar en quienes formaron y forjaron mi carácter de poeta, como los argentinos Juan Gelman [1930-2014] y Jorge Boccanera [1952] y los mexicanos Jaime Sabines [1926-1999] y Antonio Deltoro [1947], quienes arman un mundo de relación entrañable para mí.

      El corpus de su obra gira en torno de la historia vivida ya de manera individual o social, más allá del propio “yo” y eso, subraya, “es importante”.

      ―Uno vive de la lectura ―dice Mosches―. Como escritor, sin lectura no hay potencial real para escribir. Hay una implicación absoluta entre el proceso creativo de la escritura con el proceso creativo que da la lectura.

INFOMX/NTX/JCC/VRP

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