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Acabaría el coronavirus con los pueblos indígenas de Brasil: Activista

Las enfermedades respiratorias son la principal causa de muerte de las comunidades nativas

Sao Paulo, 6 Abr .- Para el domingo 5 de abril, Brasil había reportado más de 11 mil casos confirmados de la COVID-19 y 486 muertes, concentrados inicialmente en el estado industrializado de São Paulo, pero ahora se han extendido por todo el país, incluidos los territorios indígenas en la cuenca del Amazonas, que tienen el tamaño de Francia y España combinados.

El primer caso entre los pueblos indígenas se registró en el estado de Amazonas, por lo que “existe un riesgo increíble de que el virus se propague por las comunidades nativas y las elimine”, afirma Sofía Mendonça, investigadora de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp).

Mendonça es coordinadora de un proyecto de salud dirigido por la universidad entre los pueblos indígenas en la cuenca del río Xingu, en la selva amazónica, y teme que el coronavirus pueda tener un impacto similar a los brotes importantes anteriores de enfermedades altamente contagiosas, como el sarampión”.

En la década de 1960, un brote de sarampión entre miembros de la comunidad yanomami, que vivía cerca de la frontera con Venezuela, mató al 9 por ciento de los infectados. “Todos se enferman y usted pierde a todas las personas mayores, su sabiduría y organización social. Es un caos”, señala Mendonça.

En respuesta a la pandemia de COVID-19, agrega, algunas comunidades planean dividirse en grupos más pequeños y buscar refugio dentro del bosque; así evitaron la extinción durante epidemias pasadas. “Reunirán los materiales necesarios para la caza y la pesca y establecerán campamentos, esperando allí hasta que se asiente el polvo”, refiere.

Muchas comunidades carecen de los medios para reducir el riesgo de contagio, como lavarse las manos con agua y jabón o usar desinfectante para manos; las personas también suelen vivir juntas y comparten cuencos y vasos, lo cual ayuda a que las enfermedades infecciosas se propaguen más rápidamente.

Se les aconseja que dejen de compartir utensilios y que usen prácticas tradicionales de reclusión, como las que se aplican a las mujeres después del parto, para aislar a las personas con los síntomas de la COVID-19.

Las comunidades indígenas viven en áreas con acceso limitado a la atención médica, en particular camas de cuidados intensivos.

A medida que el virus se propaga por Brasil, muchos se preguntan si el gobierno buscará proteger a los grupos indígenas, que representan el 0.5 por ciento de la población, ya que el presidente Jair Bolsonaro es visto por muchos líderes indígenas como un enemigo de su causa, ya que dijo que las tierras indígenas son demasiado grandes y sus recursos naturales deberían compartirse con el resto de la población.

Varias organizaciones indígenas han pedido a sus comunidades que suspendan los viajes a las ciudades y eviten que los visitantes ingresen a su territorio.

“Quien sea un verdadero amigo entiende nuestra fragilidad. Mantengamos el coronavirus alejado de las aldeas”, puede leerse en carteles colocados en las carreteras del estado de Mato Grosso, por miembros del pueblo indígena Karajá.

Según la agencia federal para asuntos indígenas, Funai, hay 107 grupos indígenas conocidos en la Amazonía brasileña que no tienen contacto con el mundo exterior, pero madereros ilegales, cazadores y misioneros evangélicos operan en sus territorios, y las organizaciones indígenas y no gubernamentales señalan que ha habido un fuerte aumento en las incursiones en los últimos años.

Si bien la mayoría de los grupos indígenas están de acuerdo en que deben evitar visitar ciudades para reducir el riesgo de infección, muchos líderes dicen que las personas podrían pasar hambre si no tienen acceso a los mercados.

Funai, la agencia federal para asuntos indígenas, no dijo cómo abordaría el hambre y las invasiones de tierras durante la pandemia, en tanto que el gobierno no ha ofrecido ninguna ayuda, por lo que existe el temor de que la gente ignore el consejo de quedarse en sus aldeas si se agotan las reservas de alimentos.

“Si la opción es infectarse o pasar hambre, la mayoría elegirá la primera, advierte, y entonces las consecuencias serán terribles”, concluye Mendonça.

MADA/ACP
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