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A tu recuerdo, Javier Solís

*Junto a Pedro Infante y Jorge Negrete forma la tercia de reyes de la música mexicana

Por Diana Rodríguez

México, 18 Abr .- Javier Solís, conocido como El Rey del bolero ranchero, nació en Nogales, Sonora, el 1 de septiembre de 1931, y muy chico llegó a la Ciudad de México, al barrio de Tacubaya.

Antes de sembrar su legado artístico, Gabriel Siria Levario, su nombre real, tuvo varios oficios, entre ellos, panadero y carnicero, era aficionado al fútbol, pero soñaba con ser boxeador, sin embargo fue a través de su voz que encontró la manera de no pasar penurias, pues sus primeros años fueron más que difíciles, además de que en uno de sus combates le abrieron la ceja y la oreja, lo que le hizo reconsiderar lo que hasta entonces pensaba que era su vocación.

Fue criado por el hermano de su mamá después de que sus padres se separaron, y aunque estudió hasta el quinto año de primaria, la escuela le sirvió para saber que le gustaba ser visto, se sentía bien al participar en cuanta actividad artística hubiera, siempre y cuando esta no exiguiera un gasto a sus tíos a quienes con el tiempo llegó a considerar sus padres.

Desde chico tuvo conciencia de que en casa habían muchas limitaciones y más necesidades, además de que le gustaba tener su propio dinero por ello trabajó cargando bolsas y canastas a las señoras en los mercados, también lavó carros, hacía mandados y recolectaba envases de vidrio para venderlos, entre otras actividades.

  En los primeros años de su juventud por las mañanas trabajaba como carnicero percibiendo un sueldo de 17 pesos diarios y por las noches cantaba en la Plaza Garibaldi tanto en restaurantes como en salones con espectáculos musicales y aunque sin sueldo, no le iba tan mal con las propinas.

Fue parte del Dúo Guadalajara y del Trío Flamingo que luego se llamó Trío México hasta que en 1950 le llega la oportunidad de grabar para Discos Columbia dejando el nombre de Javier Luquín con el que se había dado a conocer por el de Javier Solís.  

Junto a Pedro Infante y Jorge Negrete, Javier Solís conforma la tercia de reyes de la música mexicana, pero su talento no sólo lo manifestó en la música, al igual que sus colegas, Solís también hizo cine, participó en 33 largometrajes entre los que destacan El norteño, (1960); Camino de la horca, (1961); México de mi corazón, (1963); Los tres mosqueteros de Dios y Juan Pistolas, estas dos  rodadas en 1966, año en el que falleció.

El Yaqui Romántico, como también se le conoce, dejó un acervo musical que comprende 25 producciones discográficas de las que resultaron éxitos Sombras, Luz de luna, El loco, Tu voz, Retirada, así como “una canción de mal agüero”: Amigo organillero, tema que se estrenó el mismo día que se velaban sus restos  que se encuentran en el lote de actores del Panteón Jardín.

Amigo organillero fue compuesta por Rafael Carrión y se le consideró un mal presagio para el cantante debido a que la letra abordaba el tema de la muerte, aunque se sabe que a Javier Solís no le preocupaba mucho morir, pues su problema de piedras en los riñones cada vez lo hacía desear más su partida por el tortuoso dolor.

“Quiero morir no tengo ya aquél amor tan puro y santo,

Quiero seguir al más allá a la que quiero tanto.

En esta noche en que la muerte espero

Sigue tocando, amigo organillero”.

Un funeral inesperado

Quién iba a pensar que aquel joven veinteañero que cantaba en el sepelio de su ídolo, Pedro Infante, a quien en sus inicios imitaba en Garibaldi, pronto iba a despegar una carrera que continuaría con la tradición de los charros cantores y que también sufriría el mismo destino de abandonar prematuramente este mundo y dejar al pueblo mexicano cautivado con su voz de barítono y su estilo interpretativo, viril y bravío.

El 19 de abril de 1966 fue la fecha oficial de la muerte de Javier Solís que conmocionó al país, incluso en otras naciones de Latinoamérica como Perú se le rindió tributo a su memoria, y hasta en Estados Unidos su deceso causó conmoción.

El mismísimo Frank Sinatra se consternó al saber de la muerte de Solís a quien había conocido tan solo un año antes, en 1965, en Nueva York, hasta donde el intérprete de Cataclismo y He sabido que te amaba viajó para grabar el disco Javier Solís en Nueva York.

      En México y parte de América Latina las radiodifusoras programaron sus canciones día y noche, mientras que en la capital mexicana sus admiradores provocaron temenda trifulca para estar cerca del cortejo fúnebre, otro grande se iba, después de Infante y Negrete, justo en la cumbre del éxito, con tan solo 34 años.

Con tan solo 16 años de carrera profesional, 25 discos grabados y 379 canciones interpretadas por él Javier Solís murió siendo reconocido como El rey del bolero ranchero, como una de las grandes voces masculinas de la música mexicana y como un intérprete que exportó la música acompañada de mariachi y hasta hoy, por ello, a 54 años de su muerte, su legado se mantiene vigente, en la memoria colectiva del pueblo.

Javier Solís no le falló a su México, pues nunca rompió con el estereotipo de macho mexicano y padre múltiple, a su funeral asistieron tres presuntas esposas legítimas, matrimonios de donde nacieron más de diez hijos.

De acuerdo con su acta de defunción, el cantante y actor murió a las 5:45 horas por un fallo cardiaco como consecuencia de una cirugía de la vesícula a la que se había sometido, en palabras de un familiar, Solís falleció sentado en la cama luego de ser advertido por la enferma que no comiera más hielo porque se iba a sentir mal, acto seguido dio un largo suspiro con el que cerró los ojos.

 

DRD/FRM

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