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updated 7:38 AM CDT, Sep 19, 2019
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A tan sólo unos fragmentos de navegar con Steve Rothery Band, que voló la imaginación con su guitarra, el pasado 11 de enero en la ciudad de México

 Steve Rothery Band en CDMX

México, 8 enero.- El pasado 11 de enero, la poderosa carga de Steve Rothery y su tripulación, arribaban al muelle del Black Berry ciudad de México, Insurgentes Sur 453, en la Hipódromo Condesa. La cita de partida comenzaba a las 21:00 horas en punto, con la presencia del primer contramaestre, el guitarrista argentino Gabriel Agudo, que con agudeza, realizó un cantar enteramente acústico.

Pero la noche, pese a que era larga (y por fin se asestan las primeras acciones para ir terminando con el saqueo a Pemex que se hizo por años, acentuados en las pésimas administraciones de PRIANísmo), el combustible dentro del buque Black Berry, fluía hacia  las poderosas máquinas del barco inglés. Mientras, en el muelle se escuchaba sonar el corno, que a la distancia ya sonaba,  presagiando el  inicio de una larga noche de excelentes sonidos guitarrísticos.

Este concierto bien podría llamarse Steve Rothery en cuatro actos, pues los encores con los que la gente clamó a Steve, durante su gran noche, fueron para que el gran guitarrista saliera como cuatro veces al entarimado. La primera, con su amigo y telonero Gabriel Agudo, en su presentación, y dos veces más a lo largo del concierto.

El viejo lobo de mar Steve Rothery, cuenta con sus máximos galones de combate y servicio. Con 40 años de trayectoria, este sencillo y discreto guitarrista ha visitado nuestro país en siete ocasiones, siendo México, para Steve y Marillion, un país donde sus fans, le rinden una gran devoción y particular tributo al gran guitarrista que es. La infraestructura portuaria de la noche arrojó un resultado evidente, el concierto que Steve Rothery Band ofreció, fue el de un evento: ¡muy bello! (Por cualquier lado que se le mire).

A las 21:45 hrs, la tripulación orquestada por: el subteniente, Leon Parr, baterista; el primer oficial Yatim Halimi, bajo; el oficial Riccardo Romano, tecladista; el comodoro Dave Foster en la primer guitarra; el comandante Martin Jakubski en la voz, y finalmente el almirante de esta flota, Steve Rothery guitarrista principal y gestor de las atmósferas en el buque mercante llamado Steve Rothery Band nos conducirían por una larga travesía marítima de grandes recuerdos. A partir de este momento y en adelante, las cartas de navegación nos condujeron por varios tiempos en la larga trayectoria de Marillion. La era Fish y  la era Steve Hogarth; así como su actual banda.

Durante dos horas y quince minutos, el humilde sensei tomó sus dos sables, una Jack Dent color miel, de dos pastillas para después, pasar a una hermosa y muy probable, Squier Vintage Stratocaster, de color negro modificada de los 1970. Y ya con este arsenal, la gran fiesta comenzaba…

Las atmósferas del disco The Ghost of Pripyat, abrían las puertas de la percepción frente a las dos plataformas del gran escenario, piezas que como señala su autor, nacen de la imaginación, de las emociones, pero sobre todo, del acercamiento al cine y de las experiencias con las que se queda uno al disfrutar de una buena película, de ese gran soundrack que la acompaña. Así cerraba el parte de navegación, pero como apenas zarpábamos y la costa aún era visible, fue que el capitán llamó  a su comandante vocal Martin Jakubski, para entonces enfilarnos por los sonidos de mamíferos marinos y cielos color lavanda.

Las rolas de Marillion eran reinterpretadas por el corpulento Jakubski. Sencillos de más de siete minutos, que hoy día son unos clásicos, sonaban en su voz tan cercanos al mítico Fish, que de no ser porque había cientos de ojos que se abrían como diminutas luces marinas, podríamos creer que era el mismo Fish quien se hacía presente en el escenario. Así, piezas de exitosos discos como Script for a Jester Tears de 1983, el Fugazi álbum, de 1984 y el éxtasiable Misplaced Childhooh de 1985, arremolinaban las aguas en la proa de este viaje.

Por si esto fuera poco, también la era Hogarth abría sus compuertas. Extractos del Afraid of Sunlight (1995), This Strange Engine (1997), Radiation (1998)  entre otros álbumes; emanaban seductivamente a través de la voz mimetizada de Martin Jakubski, que no dejaba de impresionarnos, al gestar una voz tan cercana al timbre de Steve Hogarth. Un punto clave que no debemos perder de vista es que, este Martin Jakubski tiene su propia voz, pero aunque es capaz de imitar las voces de dos icónicos vocalistas que ha tenido Marillion, el estilo de Jakubski encaja más por el metal, alcanzando agudos tan altos, que fue capaz de llenar cada rincón del teatro.

Cerca de las 22:00 hrs; la banda se despedía, pero la fanaticada mexicana clamaba a la banda a salir, pues aún no llegábamos a esa Dry Land, y con este encore; el espacio frente al escenario,  las aguas turbulentas de grandes olas que brincaban con los ritmos que The Steve Rothery Band, imprimía postales de imaginación…

Segundo encore, y el capitán Rothery nos avisaba a través de su micrófono una noticia importante, “Mexico city, do you know, the party is just has start!” Y las rolas más emotivas, aquellas de corte sinfónico, comenzaban a crear el drama-emotivo que nos arrojaban con un movimiento perfectamente extraño de luces, hacia un abismo apoteósico, hacia un rumbo maravilloso.

Es todo un privilegio ser uno de los países y fans que  acompañamos a este gran hombre de ya 60 años; tocando con esa discreción, como el gran antihéroe de la gran novela inglesa. En esta ocasión, como el gran portagonista.  Y toda esta fiesta se consiguió gracias a ShowMakers.live, quienes a través de su plataforma, se arriesgan en los sueños de un fan que solicitaba revivir a esta leyenda que aún ronda por nuestros caminos.

Y ese Gran Escape llegó, Steve Rotehry era ovacionado por generaciones que tendrán su misma edad, de otras 20 años más jóvenes y de estas aún más jóvenes, de veintitantos, que aún no nacían y que a la inversa, les lleva ya 40 años de trayecto navegado. Todos esa noche esperaban que algo sucediera, algo salvaje,  platicamos sin hablar, estrellas sobre nuestras cabezas abrieron un hoyo en nuestros corazones, y ahí quedó; cada fragmento de una noche de intimidad, en un gran espacio que fue para todos, un viaje simplemente: ¡bello!... aguas calmas suenan a las orillas de una playa gélida y el eco de las ballenas se alejan contando una canción de niños, una que creíamos, era para ti.

Modificado por última vez enLunes, 14 Enero 2019 15:16
Enrique López Moreno

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