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A sus 96 años Tomasita es ejemplo de superación femenina

* Originaria del Estado de Hidalgo se mantiene lavando, almidonando y planchando camisas, y guisando para familias enteras

Por Juan Carlos Castellanos C.

México, 8 Mar .- Una enorme imagen de la Virgen de Guadalupe, una bandera nacional también de buen tamaño y una figura en fieltro del presidente Andrés Manuel López Obrador ocupan sitios privilegiados en la modesta vivienda que está pagando Tomasita, quien recién cumplió 96 años.

Su figura diminuta contrasta con la grandeza de su personalidad y evidente deseo de vivir plenamente cada día. “Le digo a mi hijo, a mis nietos y bisnietos que me dejen hacer mis cosas, que no me hagan inútil”, dice, para enseguida explicar que el trabajo la mantiene contenta y sana. “Ni lentes uso… bueno, nada más cuando leo, bordo, zurzo o coso algo”.

Doña Tomasa Pérez Durán nació en Mineral del Monte, Hidalgo, el 7 de marzo de 1923 y a los 10 años llegó a la Ciudad de México con el deseo de encontrar una mejor vida.

Pronto encontró empleo como trabajadora doméstica en la residencia de doña María Estier, en Presidente Carranza 45, Coyoacán. A ese trabajo le siguieron muchos.

Ha trabajado para muchas familias y en diversas actividades. Actualmente lava, almidona y plancha ropa ajena, y cocina para una, dos o tres personas y familias completas que en Navidad, Año Nuevo o alguna fecha significativa se reúnen para comer los guisos de Tomasita. "Guiso lomos, piernas, pavos y bacalao, lo que me pidan hago”.

El sentido del humor es otra de sus virtudes, lo mismo que hablar fuerte y claro, caminar derechita y mirar de frente a sus interlocutores. Nunca fue a la escuela, pero aprendió lo básico “para que no me hagan taruga a la hora de pagarme la ropa”. En una época cuidó niños en una institución educativa para varones y espiando en las clases aprendió a leer.

Era una casa de gobierno donde eran llevados niños de la calle. Ahí trabajó 16 años y tuvo a su cuidado 28 infantes.

“Era la Casa Hogar número 3, exclusiva para niños, y se localizaba en Prosperidad 45. Antes había cuadernos que en la parte de atrás traían las tablas de multiplicar y junto con los niños aprendí a hacer cuentas”, recuerda Tomasita.

Con un vestido floreado cubierto por un delantal clásico y unos zapatos negros que desde lejos se adivinan cómodos recibió a Notimex en su vivienda, una que le adjudicó el Instituto de Vivienda de la Ciudad de México (INVI).

“Antes pagaba mil pesos de renta. Aquí pago lo mismo cada mes, pero ésta va a ser mía”, compartió emocionada.

Para charlar se acomodó en una silla de espalda a su perchero improvisado donde cuelga las camisas que le encargan vecinos bondadosos. Así la ayudan. Frente a ella esos tres símbolos que denotan su fe religiosa, el amor que siente por el país que la vio nacer y la confianza en las instituciones que encabeza el presidente Andrés Manuel López Obrador.

“Diariamente me traen 10, 20, 30 y hasta 36 camisas. A veces me dan las dos o tres de la mañana planchando pero cumplo cada encargo que me hacen”, señaló la bisabuela de varios niños y adolescentes.

Su rostro refleja la tranquilidad de los espíritus sanos y su higiene se nota de inmediato. “Me arreglo, pero no soy una coqueta”, señaló.

Los recuerdos afloran: “Mi madre quedó viuda y éramos tan pobres que tuvo que dejarme con una de mis hermanas, con quien crecí. A los 10 años de edad, en Hidalgo, la señora María Estier me invitó a venir a la Ciudad de México y llegamos a Presidente Carranza 45. Ahí yo lavaba, planchaba, guisaba y hacía la limpieza; me pagaba un peso al mes”.

Luego de que recibió la noticia de que su madre estaba enferma regresó a Hidalgo y para el sustento se empleó como nana de la niña de un matrimonio de estadunidenses.

Su padre, Manuel Pérez Durán, había fallecido años atrás. “Dejé el empleo porque mi mamá, Juana Durán de Pérez, fue trasladada a la capital del país donde lamentablemente murió”.

Huérfana desde temprana edad Tomasa buscó la forma de ganarse la vida. “Nunca me eché el compromiso del matrimonio pero ya con experiencia tuve dos hijos, Salvador y Amada Martha, que en paz descanse, quien nació el 13 de septiembre, Día de los Niños Héroes”, dijo mirando con dulzura el retrato de la hija fallecida, colgado en la pared.

Amada sucumbió hace 37 años tras un año de lucha contra el cáncer y Tomasita se hizo cargo de sus tres hijos; Salvador tuvo cinco descendientes, lo que suma en total ocho nietos.

De ahí nacieron 14 bisnietos. A todos ha cuidado y alimentado, educado y orientado para que sean hombres y mujeres de bien y útiles a la familia y a la sociedad.

Ha dado mucho, ayudado a numerosas personas, visto por sus semejantes y auxiliado al prójimo. “En cambio la vida no me ha dado más que problemas, insultos, groserías y humillaciones.

"Sin embargo, no hago caso a esas vicisitudes porque de hacerlo podría afectar mi salud. No voy a morir por una cosa de esas, ¡primero que se caiga el mundo!”

En sus ratos libres le gusta bailar y escuchar la radio, ver la televisión y asistir a fiestas en el transcurso del año, así como organizar posadas en diciembre.

Hace una pausa y reflexiona: “Mientras más he vivido más estoy mirando. Ya no hay mujeres que les guste bordar, lavar, almidonar o planchar y menos guisar; soy ejemplo para quienes no hacen nada”.

El gobierno capitalino le da sus vales, tiene el apoyo de la Secretaría de Desarrollo Social y su hijo y nietos le dan dinero.

Cuando la noche extiende su manto acomoda cosas de la casa, cambia manteles y se sienta a bordar carpetas y servilletas para las tortillas, o teje manteles. Si quiere leer y las letras están muy chiquitas se pone sus lentes, menos no.

Siendo como es, un cofre de sabiduría, no ha podido heredar sus dones a nadie, ni siquiera a sus nietas, porque, dijo, nadie quiere aprender.

“Para mí ser mujer significa valorarse a sí misma, aprender de la vida y reírse de ella. Debemos pensar en cosas que nos ayudan y no en tonterías, como embarazarse siendo casi niñas”, rubricó Tomasita.

 

/JCC/IAM/MUJER17

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