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A RITMO DE HARD BOP, LA LITERATURA DE JULIO CORTÁZAR

  • Escrito por Mesa de Redacción
  • Publicado en Estilo

Mucho se ha dicho y escrito sobre la influencia que tuvo el jazz en la literatura del escritor, traductor e intelectual argentino Julio Cortázar (1914-1984) y sus ejemplos más obvios, como el cuento El perseguidor (1959), un tributo a Charlie Parker, y su novela cumbre Rayuela (1963), que inaugura una nueva forma de narrar, pero ¿a qué suena la literatura del autor de Bestiario (1951)?

La pregunta ha intrigado a estudiosos del campo literario y musical, donde en general se coincide en el valor que tiene la improvisación en la construcción de sus historias y el ritmo que de ellas emana, acompasadas por diversas referencias que aluden al ambiente y a las propias características de sus personajes.

Para Carlos Rico C. Tapia Alvarado, licenciado en Historia, maestro en Historia del Arte y especialista en varios temas como la literatura y la historia de la música, la sonoridad, pero también la complejidad que da el jazz a las letras cortazarianas, adquieren valor en la medida en la que se convierten en un sello que lo diferencia del resto de sus contemporáneos, pero también en tanto representa una huella de su existencia, un índice de su presencia en este mundo, en una época determinada.

Cortázar creía que la música hecha por afroamericanos rebasaba todo ámbito de significación y le daba la posibilidad de complementar algunos sentires dentro de sus descripciones, y bajo esa premisa también pudo formar a muchos lectores en el jazz, a partir de sus historias.

El hecho de que agregue más al jazz que al blues, se debe a que el primero tiene una complejidad armónica más alta que la del segundo, lo cual permite inferir que Cortázar no sólo ama las letras, sino la música del jazz, porque ahí es donde se refleja el saber hacer, como ocurrió con Duke Ellington (1899-1974) o el mismo Charlie Parker (1920-1955); “la complejidad de la música acompaña así a la complejidad de sus textos, constituyendo una diferencia respecto al resto de autores del boom”.

El uso que Cortázar hace del jazz, puede compararse con el que hace el estadunidense Stanley Kubrick (1928-1999) en el cine, porque no solamente es agregar un dato para que el lector diga ¡ah, qué cosa tan bella!, sino para que se forme un ambiente al tiempo que lee sus historias.

Cortázar, entonces, no sería tan loco como un freejazz, sino más bien como un hard bop, las obras literarias enmarcadas en el jazz de los años 50, donde los grandes referentes serían un Miles Davis o Chet Baker, son una especie de blues de fuerza contenida del bebop, pero más rico todavía, lo que le convertiría en un hardbopero de la literatura.

De hecho, con la singularidad de las rolas que propone en sus obras se podría hacer un disco para leer al argentino y sería una colección sublime, que no ha sido hecha por músicos, aunque sí por algunos melómanos que han hecho intentos por plasmar a qué suena la literatura de Cortázar, refirió Tapia en charla con Litoral, vía telefónica desde San Luis Potosí, donde radica.

SINGULAR COMPRENSIÓN DEL JAZZ PERMITIÓ A CORTÁZAR INCORPORARLO EN SU OBRA

José Manuel Recillas, poeta, traductor y melómano, es otro estudioso del fenómeno que vincula el jazz y la literatura, tal es el caso del poeta beat Allen Ginsberg (1926-1997), de quien destaca el poema Aullido, que considera intraducible desde el punto de vista de que al pasarlo al español pierde la influencia del jazz, la sonoridad con la que originalmente fue escrito, dado que el español tiene una estructura muy diferente al inglés.

Es lo que pasa con algo tan contemporáneo como el hip hop de hoy, que no sirve, está mal hecho, pues se ha tratado de trasplantar en un contexto diferente sin entender la relación dinámica de la lengua misma con el ritmo y la música de la que viene, lo cual no pasa con Cortázar, justamente porque él sí entiende el jazz desde su estructura angloparlante.

Es de los pocos en español que entendió el jazz a ese nivel y lo internalizó de tal manera que pudo fluir en sus textos, porque no es algo fortuito, en cualquier escritor ese tipo de recursos no son gratuitos y en Cortázar menos, pero no se ha estudiado con el suficiente rigor para desentrañarlo, lamenta el estudioso, quien a fuerza de estudios y lecturas es capaz de percibir en la obra del argentino “la oscilación de la prosa de este autor y cómo se mueve en el tiempo, los ritmos quebrados, acompasados, que lo diferencian de sus contemporáneos”.

Es como un caminar, porque hay unas cadencias, una forma particular como se mueve su prosa, como construye las frases, que no es casual y que, si se estudia a fondo, seguramente tiene que ver con algún ritmo de jazz que a él le gustaba; construye las frases, los párrafos de cierta forma que hay quienes lo consideran parte de su estilo, pero es mucho más que eso, es el reflejo de una construcción jazzeada.

Desde luego, hay otros autores influenciados por el jazz, por ejemplo, el polímata, dramaturgo, escritor y músico de jazz francés Boris Vian (1920-1959), quien escribía canciones en las que a ritmo de jazz se burlaba de muchas cosas, entre ellas de los intelectuales, a través de una melodía sincopada que imitaba la parsimonia snob.

Y uno que quizá es el caso más arquetípico es el de Jim Morrison, cuando escribe sus poemas y los fusiona con los ritmos y arreglos del grupo The Doors, cobrando otra dimensión, en especial por su preparación formal en letras y arte dramático. Eso le daba mucho poder a la manera en que cantaba y recitaba sus letras, principalmente influenciadas por el poeta simbolista francés Arthur Rimbaud (1854-1891).

INFOMX/NTX/MCV/LIT19

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