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A 104 años del duelo que marcó rivalidad entre Real Madrid y Barcelona

Por Alan Aguilar López

Mexico, 12 Abr .- La entrañable y electrizante rivalidad que han desarrollado el Real Madrid y Barcelona a través de los años no podría ser concebida sin el histórico enfrentamiento que estas escuadras disputaron el 13 de abril de 1916, fecha en la que deleitaron a propios y extraños con un apasionante empate a seis goles.

Que “El Clásico”, protagonizado por las dos instituciones más grandes en España, sea el partido que detenga al mundo entero del futbol no es una sorpresa al echar un vistazo al pasado y rememorar los inolvidables encuentros que han regalado a los aficionados no sólo de estos equipos, sino del balompié en general.

Aquella igualada de 6-6 formó parte de una serie de cuatro peleadísimos partidos jugados entre estos equipos en menos de un mes, para definir al finalista de la Copa del Rey en su edición de 1916, instancia en la que el Athletic de Bilbao esperaba por su rival.

El primer capítulo se escribió el 26 de marzo, a favor de los blaugranas, que se impusieron por 2-1 como locales. En el partido de vuelta, el 2 de abril en la capital española, los "merengues" sacaron la casta para derrotar 4-1 a su odiado rival, con tres goles del mítico Santiago Bernabéu.

En ese entonces, al no tomarse en cuenta el resultado global acumulado de la ida y la vuelta, estos clubes tuvieron que jugar un partido de desempate, que se disputaría en la capital española con José Ángel Berraondo como el árbitro central, exjugador del equipo madrileño y quien sería una de las causas para la polémica.

En aquel tercer choque, dirigido por Berraondo, el Madrid contó con tres penales a favor, de los cuales sólo pudo anotar uno: el último, segundos antes de que los tiempos extras concluyeran con una magnífica remontada por parte del Barcelona, que de comenzar perdiendo 2-0, estuvo cerca de ganar la serie con un 6-5.

Tras aquellos 120 minutos, que no fueron suficientes para determinar un ganador y finalista, el Barcelona, indignado y sintiéndose perjudicado, hizo todo lo posible por llevar el cuarto enfrentamiento a territorio propio, lo cual no sucedió y, además de volver a jugar como visitante, Berraondo fue nuevamente el colegiado designado.

Para el cuarto episodio, el conjunto de Chamartín no pudo contar con el atacante Belaúnde, uno de sus referentes junto a Bernabéu, por lo que Zabalo fue alineado en el once titular, acción reclamada airadamente por el club culé, alegando que dicho jugador pertenecía al Real Unión de Irún y no al Madrid.

Las autoridades hicieron caso omiso a los reclamos blaugranas y permitieron la participación de Zabalo, quien incluso marcó una de las dos dianas con las que el Madrid emparejó los cartones en el cuarto partido, inclinado a favor del Barcelona desde el amanecer del encuentro.

Antes de que finalizaran los 90 minutos, y con un empate de 2-2, Berraondo señaló un nuevo penal en la serie a favor del Madrid, que nuevamente desaprovecharía la oportunidad desde los once pasos y sería incapaz de evitar una prórroga más, apenas dos días después de la igualada a seis goles.

El Madrid se hizo fuerte en los tiempos extras y se puso 4-2 por delante en el marcador con un doblete de Sotero, quien según los blaugranas. vio puerta ilegalmente en uno de los goles, debido a que los atacantes merengues habían tomado de la indumentaria al guardameta visitante.

Berraondo “se hizo de la vista gorda” y dio por válido el gol, razón por la que Santiago Massana, capitán del Barcelona, comandó la retirada de su escuadra del rectángulo de juego a pocos minutos de que terminara el partido, al protestar un juicio localista por parte del colegiado.

La escuadra de Chamartín accedió a una final en la que fue vapuleado 4-0 por el Athletic de Bilbao, sin embargo, la verdadera gloria fue haberse quedado con aquella histórica serie de cuatro “clásicos”, en los que la polémica, electrizantes choques y enardecidas aficiones dieron pie a lo que conocemos hoy en día con esta rivalidad.

Casi 100 años después se repitió la historia: “Pep contra Mou”

En abril de 2011, el Madrid y el Barcelona detuvieron el mundo con cuatro enfrentamientos, tal como en 1916. Pese a que los jugadores volvieron a ser los grandes protagonistas, las diferencias entre los estrategas Josep Guardiola y José Mourinho fueron las que le dieron otra dimensión a aquellos 18 días vibrantes en los que se jugaron los partidos.

El primer choque, el 16 de abril en la competencia doméstica, terminó empatado a un gol en el Santiago Bernabéu, resultado que encaminó a los "culés" al título liguero. Pero sólo cuatro días después, en la final de la Copa del Rey, un inolvidable cabezazo del luso Cristiano Ronaldo proclamó campeón copero al cuadro blanco.

Las siguientes dos citas eran por las semifinales de la UEFA Champions League. En la ida, el argentino Lionel Messi hizo sucumbir al Madrid 2-0 en la propia capital española, para que en la vuelta, con un Barcelona conservador, se firmara una nueva igualada a un gol, que instaló a los blaugranas en la final, misma que ganarían ante el Manchester United.

Aquellos partidos llenos de riñas, discusiones y desmedido contacto físico no sólo quedó entre los clubes, pues la rivalidad era tan intensa que incluso llegó al seno de la selección de España, que sufrió una revelada división entre culés y merengues, que pusieron a muchos de sus compañeros entre la espada y la pared.

Con el paso del tiempo las heridas sanaron y “La Furia Roja” se hizo de la Eurocopa 2012, venciendo a Italia en la final, pero aquellos oscuros capítulos del apasionante antagonismo quedarán en la historia del balompié y en la memoria de futbolistas y aficionados, que seguirán vibrando al escuchar: “se acerca un nuevo Clásico”.

AAL
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