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Calaveritas de azúcar, una dulce tradición que traspasa fronteras

Por Iván Santiago Marcelo

México, 1 Nov .- Alegría y calor familiar se sienten en la casa de Patricia Pastor, lugar donde ella y sus colaboradores trabajan para seguir llevando el dulce sabor mexicano de las calaveritas de azúcar a los connacionales en el extranjero y a distintos puntos del país.

Desde hace más de 15 años, Paty, como todos la conocen, transformó su hogar en la delegación Iztapalapa de la Ciudad de México, en un taller, y ahí prepara este tradicional producto que llega a los mexicanos que viven, principalmente, en Estados Unidos.

La calaveritas que aquí se elaboran viajan a las ciudades de Houston, Los Ángeles, Nueva York, entre otras, aunque por la popularidad del negocio también turistas de distintos países acuden a su domicilio para probar y llevar a sus lugares de origen este delicioso dulce.

“Porque en todo el mundo hay gente mexicana y sus hijos que nacen en otros lugares no saben de aquí y entonces al llevar esto para allá, lo conocen”, señaló en entrevista con Notimex.

Esta mujer emprendedora de 52 años de edad considera que con el paso del tiempo se ha ido perdiendo un poco de esta tradición, sin embargo, con el trabajo que ellos realizan se puede mantener, “porque hay mucha gente que no conoce de esto y se lo está llevando”.

El oficio lo heredó de la familia de su esposo y actualmente la microempresa brinda empleo a cerca de 20 personas, principalmente familiares y vecinos, en un horario que les permite a las mujeres, por ejemplo, realizar labores del hogar, llevar a su hijos a la escuela y darse un tiempo para ellas.

Entre el fresco aroma de la flor de cempasúchil, la luz de la vela que ilumina el camino de fieles difuntos y deliciosos olores de la cocina mexicana, las calaveritas de azúcar no pueden faltar en la ofrenda del Día de Muertos, por la importancia histórica que tienen.

De acuerdo con la Secretaría de Cultura federal, en la época prehispánica se consideraba a la muerte como el fin de un ciclo de la vida, y era común conservar cráneos como trofeos y mostrarlos en rituales para simbolizar la conclusión de ese periodo.

Cuando los españoles llegaron a México prohibieron muchos ritos que iban en contra de la religión católica, pero ante la resistencia de los pueblos indígenas, algunos no se erradicaron y se dio una mezcla de culturas.

Las calaveritas son producto de esa mezcla, los españoles fueron quienes trajeron la técnica del alfeñique, una especie de caramelo o confitura con base de azúcar de caña, que se utilizó para dar forma a un cráneo como el que los antepasados exhibían después de sacrificar a una persona.

Para ofrecer este producto ancestral, en este negocio capitalino que recibe el nombre de “Calaveras Paty”, los preparativos inician a partir del mes de mayo y las primeras entregas a Estados Unidos ocurren dos meses después.

En el taller, donde se puede sentir la buena vibra, cada persona labora de acuerdo a sus capacidades: unos colocan el azúcar en moldes, otros ponen ojos y los demás decoran, lo importante es que todos estén satisfechos con su trabajo.

Una de las dos hijas de la propietaria, junto con un sobrino, le dan el toque único al negocio, ya que diseñan modelos exclusivos para empresas o instituciones.

Así, han grabado sobre los cráneos figuras de La Catrina, Frida Kahlo, y personajes emblemáticos de películas, logotipos y cualquier otra figura, que por rara que sea, el cliente ha solicitado para colocar en ofrendas monumentales.

Al año, esta microempresa produce más de 200 mil calaveras de distintos tamaños, de las cuales más 10 mil son exportadas a otros países, mientras que el resto es distribuido principalmente en los estados de Querétaro, Puebla, Guadalajara, México y en la capital.

Para Patricia Pastor es importante que sus descendientes continúen con esta tradición heredada por su esposo: “yo tengo dos hijas que me ayudan mucho, quizá no tanto como a mi me gustaría, pero sí lo hacen y saben de qué se trata”, expresa.

Manos artesanas dan forma a la muerte

Desde el inicio hasta el final del proceso de la elaboración de cráneos no se utiliza ningún tipo de maquinaria. Son las manos del grupo de trabajadores las que se encargan de dar forma, sabor y color al lado dulce de la muerte.

Música, cantos y risas se escuchan en la azotea de la casa. Ahí se encuentra Karen Mora, hija de Patricia Pastor, y es ella quien dirige a seis personas que conforman el equipo del “vaciado”, donde inicia todo el procedimiento para hacer las calaveritas de azúcar.

La función de estas personas consiste en poner a calentar el azúcar en el cazo para que se derrita, después la colocan en el embudo y de ahí van llenando los moldes de barro; una vez terminado los cierran y pasando unos segundos los abren para retirar la calavera.

Posteriormente se van colocando en una charola y son llevados al exterior para que sequen con la luz del sol. Patricia explica que esta etapa dura aproximadamente 10 minutos y cuando ya tienen la resistencia necesaria le colocan los ojos de papel o lentejuela.

Con azúcar glas o pintura vegetal de color verde, azul, amarillo, rojo, rosa o morado, 10 mujeres reunidas en la planta baja de esta casa se encargan de dar color a los cientos de cráneos que se producen durante la jornada.

En el improvisado taller también se encuentra Orlando Pastor, sobrino de Paty, un joven de 18 años que graba en los cráneos figuras poco conocidas en el mercado. Desde muy niño se integró a la microempresa y a lo largo de tiempo ha creado obras que combinan lo tradicional con lo moderno.

En horario de 9:00 a 21:00 horas se elaboran diariamente aproximadamente 800 calaveras de azúcar, pero cuando más se acerca el Día de Muertos el trabajo puede incrementar hasta por 24 horas.

Cuando concluye esta temporada, Patricia se dedica a elaborar dulces para las festividades de Navidad y 14 de febrero, aunque también se alista para seguir esta tradición en la siguiente celebración.

Este grupo de trabajadores contribuye en gran medida a preservar una de las tradiciones más antiguas de México. Cada uno disfruta fabricar piezas que cruzan fronteras y difunden las tradiciones mexicanas.

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